¿Qué significa ser transexual?

 

 

 

 

La Transexualidad es un problema de enorme trascendencia. La existencia de la persona transexual se ve trastocada en prácticamente todos los ámbitos de la vida. Además del sufrimiento que genera el problema en si, está el rechazo social y en muchas ocasiones incluso familiar hacia la persona que lo padece.  
 
 

En ocasiones los familiares confunden el problema con la homosexualidad y llegan a aceptar que se trate de eso, pero rechazan por entero que esa persona pertenezca en realidad al sexo contrario cuando ellos están seguros de haber traído al mundo una hija, o un hijo varón. En un primer momento se preguntan que está sucediendo y si su hijo sencillamente no estará loco. 

 
 

Este rechazo se debe en la mayor parte de los casos a la ignorancia acerca de esta condición y a las leyendas negras que la rodean, así como a la desconfianza en los profesionales que la tratan, temiendo que lo hagan por hacer fortuna o que pertenezcan a alguna especie de secta peligrosa. Otras veces el rechazo se debe simplemente a la vergüenza, o a sentimientos de culpa o responsabilidad. Y también se dan los casos en que los familiares dicen aceptar a la persona pero siguen utilizando su género anatómico para dirigirse a él/ella, o de alguna forma le hacen el vacío, algo que esta persona detecta perfectamente.
 
Para una persona transexual, operada o no operada, la relación con personas que siguen hablándole en su género biológico a pesar de conocer el problema, es  totalmente superficial y desagradable. Por eso siempre tomará distancia con ellas, se traten de quien se traten. No puede haber actitud más desafortunada en el trato con transexuales que el uso de su género biológico para el trato con ellos. .
 
El niño transexual detecta que tiene un problema y advierte perfectamente la incomprensión familiar hacia el mismo. Así este niño puede reaccionar muchas veces de forma impulsiva sin que los padres entiendan por qué, ser demasiado nervioso/a e incluso conflictivo. El pequeño crece con sentimiento de culpa o temor a que se le recrimine por su conducta, sabe que es diferente y se siente alterado al no poder definir cuál es el problema ni entender por qué siente tanto desasosiego.

 
Al informarse acerca del adolescente transexual, no espere encontrar a un chico o a una chica con un buen currículum académico -aunque evidentemente existan casos- ¿lo sería usted si se sintiera encerrado en un cuerpo del género contrario al suyo?. Su problema traerá consigo la desmotivación y desconcentración lógica, así como la falta de tranquilidad necesaria para el estudiante. Si a esto sumamos la lucha interna por huir del enorme peso que supone la realidad, una y otra cosa desembocan con casi total seguridad en el fracaso escolar si no en cosas peores.
 
La adolescencia es una de las etapas más difíciles en la vida de una persona. Para los transexuales, como para todo el mundo, esa etapa supone descubrirse a sí mismos, pero con una diferencia: ellos descubren que están atrapados en un cuerpo que no les corresponde según su género psicológico. El joven transexual descubre que sus senos crecen, aparece el período y sus órganos genitales no dejan lugar a dudas: es una mujer “¿qué me pasa?”. La joven transexual descubre como poco a poco el vello hace aparición por su rostro, la voz ha cambiado como la de sus hermanos varones y cada vez que mira sus genitales le resulta evidente que es un hombre “pero en mi interior soy una mujer”.
Están encerrados en su propio cuerpo.

Durante la adolescencia además comienza la atracción sexual hacia las personas del otro género, esto es muy penoso para el transexual ya que no puede aspirar a que el sexo contrario se fije en él -o ella- como lo que realmente es. Esta circunstancia les ocasiona vergüenza, frustración, desolación, malestar, amargura.

 
La reacción ante cualquier problema depende de cada persona, unos pueden reaccionar aislándose, otros haciéndose rebeldes, pero el denominador común de las personas transexuales es el saber a ciencia cierta que si lo mencionan serán juzgados, así que ocultaran su problema durante todo el tiempo que les sea  posible a fin de protegerse. La soledad acompaña al transexual durante todas las etapas de su vida: él solo debe descubrir lo que le pasa, él solo debe asumir las repercusiones de su problema, él solo debe tomar la decisión de qué hacer con su vida, él solo debe explicarse, protegerse y defenderse.
 
El adulto transexual, ha aprendido que es distinto y que su diferencia está mal vista. Llegado ya a este momento de su vida tiene muy afectada la autoestima y además probablemente padezca de depresión aunque sea leve. Su vida transcurre con creciente desesperanza, frustración y sensación de fracaso. Se siente solo, encerrado en su propio cuerpo y responsable del dolor que su rareza pueda ocasionar a todos los que le rodean. Con toda seguridad ya ha acudido al psiquiatra, que en muchas ocasiones –hoy en día ya cada vez menos- intentará hacerle cambiar su convicción. La constante incomprensión con la que se encuentra una y otra vez van sumiéndole en la impresión de que su destino está relacionado con la desdicha y comienza a padecer anhedonia, ya no es capaz de disfrutar de las cosas hermosas que se presentan en su vida. Un proyecto de familia o el matrimonio son para él -o ella- quimeras, sueños inalcanzables, a no ser que lo hagan con una persona de su propio sexo psicológico, lo cual a todas luces es algo impensable –excepto para los homosexuales, lo que no es el tema aquí-. 
 
Las consecuencias sociales y laborales no precisan ser mencionadas porque de sobra son conocidas por todos: la marginación y el rechazo son la tónica general a la hora de buscar trabajo, ya que su aspecto suscita desconfianza o miedo. A esto debemos añadir que el transexual que ha realizado el cambio a veces pierde el apoyo familiar, con lo cual se encuentra en la calle, sin techo y sin trabajo, abocado al mundo de la marginación (alcohol, drogas, prostitución).
 
El transexual que no se reasigna (no cambia de sexo) corre el riesgo de caer en una depresión crónica, si no una enfermedad peor, derivada del enorme desequilibrio y angustia que genera el que su sexo psicológico sea diferente a su sexo anatómico. El transexual reasignado (cambia de sexo) debe ser muy consciente de todos los cambios que supone su decisión, y sopesar los posibles efectos secundarios, así como reunir el valor suficiente para entrar en quirófano varias veces y hacer frente a la reacción social que, con toda seguridad, en algunos casos, será de rechazo e incomprensión ante su profunda necesidad de reasignar su sexo.
 
En lo que se refiere a las familias de las personas transexuales, según los datos que tenemos, hoy en día la mayor parte de ellas, afortunadamente, acaban ofreciendo apoyo y ayuda.
 
En resumen, el trastorno de la transexualidad es un trastorno grave. Los resultados de los cuestionarios de psicopatología (MMPI) demuestran que las personas transexuales están notablemente libres de psicopatología mayor. Por otra parte encontramos rastros de transexuales a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por lo tanto, las instituciones, o personas, que persisten en una actitud de marginación o transfobia, alegando que todo ello se trata de una perversión, un capricho o una simple intención de llamar la atención; cometen un error de justicia gravísimo y colocan su particular piedra en un muro que la historia, así como la ciencia y la justicia del ser humano, se ocuparan de derribar más tarde o más temprano. 
 


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